El uno de diciembre es ya de por sí un día marcado con un interés especial: es el día internacional del SIDA. Pero, en esta ocasión, la trascendencia de tal consideración quedó empañada o más bien difuminada por dos acontecimientos de índole diferente: el primero, el asesinato en Francia por parte de ETA de un guardia civil, además de haber atendado contra otro, compañero del primero, que en este momento se encuentra en un estado muy grave; el segundo, la manifestación que se llevó a cabo esa misma tarde en Barcelona a la que asistieron casi 200.000 personas. Ambos dos acontecimientos desvirtuaron la naturaleza de un día tan señalado. Del primero de ellos, poco queda ya por decir. Tras un largo periodo de "cierta tranquilidad", nos damos de morro con las consecuencias de la ruptura de la tregua más fructífera que ha conocido este Estado; me pesa decirlo, pero seguro que alguno habrá que, pese a la evidente y lógica consternación que a cualquier persona le produzca tal atrocidad, no habrá podido pensar: "con lo que ha pasado ganamos credibilidad"; en fin, deleznable. Pero sobretodo me gustaría hacer una reflexión sobre la manifestación: el objeto era, en principio, reivindicar el descontento po los trenes de rodalías por lo acontecido y por todos ya conocido; perfecto. Pero eso no era más que una excusa para sacar a la palestra otra cuestión: la de la independencia de Cataluña. Si bien es cierto que había algún que otro bien intencionado reclamando por el tema de la RENFE, también lo es que acabaron pasando al segundo plano más degradado; el protagonismo se lo agenciaron las proclamas independentistas. Está claro que algunos partidos que deben parte de sus votos a premisas tan superficiales han optado por radicalizar su mensaje con el fin de no perder fuerza; y es que es evidente que el traspaso de competencias del Estado a las Comunidades Autónomas está tocando su techo y algunos no ven más salida para mantener enganchados a sus votantes que lanzar proclamas cada vez más duras. Veía pancartas en las que se leía que para resolver el problema de "rodalies" era necesario alcanzar la independencia. Bonita cara, como si no hubieran muchas más alternativas; como si no fuese ya seguro que para el 2008 se traspasará la competencia a la Generalitat. Pero claro, eso no les conviene comentarlo. Eso son demagogos profesionales y lo demás son tonterías. Y lo más significativo: casi me caigo de espaldas cuando vi que tal manifestación independentista era secundada por los verdes (Esquerra Unida- Alternativa els Verds-Iniciativa per Catalunya -y porque no hay más nombres-), los que ahora se hacen llamar "eco-socialistas" (hay que tener morro); me queda ya más claro que el agua que poco les hace falta a estos "verdes" para hacer lo que haga falta y añadir más nombres a su nomenclatura política con tal de rapiñar votos de la forma más artificial que he visto.
Que quede claro que no es una replica al independentismo; es un posicionamineto ideológico tan respetable como cualquier otro; pero enmascararlo y maquillarlo bajo temas tan candentes es ya amarillismo. Y, encima, organizarlo para un día como este, sabiendo que es ya especial por otro tema que debería ser único en ese día por su importancia, es (a mi juicio) no ser solidario.
Ahí queda.
Alejandro Serrano S.